martes, 15 de mayo de 2018

Carta de Dalai Lama para tus preocupaciones


Carta de Dalai Lama para tus preocupaciones

Hoy en día, hay cada vez más aceptación, así como una creciente evidencia científica, que confirma la gran conexión entre la felicidad y nuestros estados mentales. Por un lado, muchos de nosotros vivimos en sociedades muy desarrollados materialmente, sin embargo entre nosotros hay muchas personas que no son muy felices. Bajo la hermosa superficie de opulencia hay un tipo de disturbio mental que lleva a la frustración, discusiones innecesarias, dependencia de drogas o alcohol, y en el peor de los casos, al suicidio. Lo mismo podemos decir sobre tus propios amigos. Cuando te encuentras en un intenso estado de odio o rabia, incluso tus amigos más cercanos te parecen fríos, distantes y fastidiosos.

Escribo esto como alguien que perdió su libertad a los 16 años, luego perdió su país a los 24. En consecuencia, he vivido en el exilio por más de 50 años durante los cuales los Tibetanos se han dedicado a trabajar para mantener su identidad Tibetana y perseverar nuestra cultura y valores.

En la mayoría de los días las noticias del Tibet son desconsolantes, y aún así ninguno de esos retos nos lleva a rendirnos. Uno de los enfoques que personalmente encuentro útil es cultivar el pensamiento: si la situación o el problema es tal que no puede ser remediado, entonces no hay necesidad de preocuparse al respecto.

En otras palabras, si hay una solución o una salida a la dificultad, no necesitas abrumarte por ello. La acción apropiada es buscar una solución. Luego es claramente más sensible el usar tu energía en la solución más que en preocuparte por el problema. Alternativamente, si no hay solución, no hay posibilidad de resolución, entonces no tiene sentido el preocuparse al respecto, porque de todas formas no puedes hacer nada. En ese caso, mientras más rápido aceptes esa realidad más fácil será para ti. De otro modo serás incapaz de darte cuenta si hay o no una solución al problema.

Como monje budista he aprendido que lo que primordialmente altera nuestra paz interior es lo que llamamos emociones perturbadoras. Todos esos pensamientos, emociones y eventos mentales que reflejan un estado mental negativo o incompasivo; inevitablemente reducen nuestra sensación de paz interna.

Todos nuestros pensamientos y emociones negativas (tales como odio, molestia, orgullo, lujuria, codicia, envidia, etc.) son consideradas fuentes de dificultad, son perturbadoras. Los pensamientos y emociones negativas es lo que obstruye nuestra aspiración más básica: el ser feliz y evitar el sufrimiento.

Cuando actuamos bajo su influencia, nos hacemos inconscientes del impacto que nuestras acciones tienen en otros: ellas son así la causa de nuestro comportamiento destructivo tanto hacia otros como hacia nosotros mismos. Asesinatos, escándalos, y engaños; todos tienen su origen en estas emociones perturbadoras.

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